martes, 3 de noviembre de 2009

Para Bernardo

Cuenta la leyenda que era arquitecto del taller Max Cetto, de la facultad de arquitectura de la UNAM.
Fue con sus compañeros al viaje del semestre a la ciudad de Oaxaca en el mes de noviembre para ver las celebraciones del día de muertos.
Fueron en camión, éste salió de la facultad en la tarde a eso de las 6. Para las 8 no habían siquiera logrado salir de la ciudad y ya estaban todos pedos, hasta los maestros...pero él no.
No es que fuera antisocial, de hecho se relacionaba bien con la gente y se llevaba bien con sus amigos; es sólo que en realidad, preferia estar sólo. Por lo mismo el viaje se le hizo pesado, todos en la juerga y él nomás asomado por la ventanilla. De vez en cuando intercambiaba carrilla y era el interlocutor entre el grupo de arquiebrios y el chofer. Varias veces le había pedido que parara para ayudar a los alumnos o maestros a bajarse del camión y poder guacarear...la mayoría fueron mujeres.
Al llegar a Oaxaca todos se fueron al centro de la ciudad, a un hotel ubicado en la plaza del centro.
Él tomó un taxi con rumbo a Hierve el Agua, un pueblito a unos 20 minutos de la ciudad.
Una amiga le había dejado su cabañita para que el se alojara ahí durante el viaje y así poder estar sólo y ahorrarse lo del hotel.
Al día siguiente se despertó temprano para irse a desayunar la rica y famosa barbacoa del mercado de Tlacolula. Era 2 de noviembre y el pueblo estaba adornado de Cempazúchitl y olía a leña quemada. Mucho color, mucha gente, muchas flores.
Estaba dando un paseo, el paisaje y sus componentes lo tenían maravillado, no obstante sentía una vibra muy rara en el ambiente.
Sin darse cuenta había llegado a un hermoso paraje, tal vez atraído por los árboles milenarios y enormes que habían trazado su ruta . De pronto se percató de que estaba en el cementerio del pueblo, muy cerca del mercado. Una extraña relación de espacios pero que resultaba bastante práctica y funcional en esta fecha.
Se había dado cuenta de que era el cementerio porque de pronto algo atrajo su mirada al suelo y fue cuando cayó en cuenta de que estaba pisando una tumba.
Espantado dio un brinco y sintió un escalofrío a manera de latigazo recorrer todo su cuerpo.
La tumba no tenía lápida y estaba entre los árboles, en pleno jardín.
Sólo la laja de piedra semienterrrada con la inscripción del ser humano que había dejado huella en la vida de sus familiares, amigos y ahora en la tierra.
El muerto yacía verdaderamente en el paraíso.
Siguió caminando adentrándose y conforme lo hacía iba creciendo la población enterrada, toda ella delimitada por piedras y veladoras, lápidas y ofrendas en la mayoría de los casos.
Llegó a un punto donde había sobrepoblación de vivos y de muertos en sus tumbas o en sus minimausoleos o capillas, todos adornados y ofrendados. Era un verdadero día de campo, una fiesta. Los familiares, toda la gente reunida en torno a la morada eterna del ofrendado en cuestión compartiendo la comida y el mezcal. Podía haber sido una escena de alguno de estos pintores que representaban el día de campo de señoras de vestido largo con crinolinas y hombres con traje y sombrero de copa...sólo que en un cementerio en un pueblo de Oaxaca.
Siguió caminando entre tumbas y lápidas, entre vivos y muertos.
A nadie le llamaba la atención su presencia evidentemente extranjera.
Observaba la costumbre o ritual, se detenía en las ofrendas más hermosas y en las tumbas qué más llamaban su atención; las pequeñas y diminutas, las de los niños.
Algunas contaban con pequeñas vitrinas que guardaban el roponcito del bebé y en algunos casos fotos, además del cristo crucificado y ensangrentado o la virgen María.
Estaba mirando una de estas cuando de pronto un hombre, sentado en la tumba de algún familiar que compartía lote con la tumba del niño que estaba contemplando, le ofreció, con ojos llorosos, un mezcal. Se quedó a beber con la familia, con los presentes en cuerpo y los ausentes en alma.
Las mujeres reían y estaban felices, los hombres lloraban...se empedaban.
Las mujeres también bebían el mezcal, y también se empedaban.
Las conversaciones eran en torno a los difuntos y a lo que habían compartido con ellos en vida.
Eran muy amables y no dejaban de llenarle el vaso con mezcal y el plato con barbacoa,
lo trataban como si fuera del pueblo o incluso, de la familia.
Gente cálida y cariñosa.
Se desvivían por atenderlo,
como si su presencia fuera una especie de designio secreto que sólo ellos conocían.
Los muertos homenajeados por la familia eran varios, muchos. El niño Joselito y el abuelo Rubén.
La abuela María, su hijo Tomás, el primo Jacinto y la hermana de éste, María Graciela.
El hermano del abuelo, don Venustiano y su esposa Ricarda y otros tantos más.
Después de haber estado toda la tarde con vivos y muertos celebrando la vida y la muerte,
ya en el ocaso del día, se despidió con besos y abrazos, yo te quieros y somos hermanos.
Podría decirse que fue la única ocasión en que celebró un 2 de noviembre, fue la única ocasión en que sintió cariño y brindó por muertos que no conoció.
Emprendió su regreso a la ciudad de Oaxaca. Se iba a reunir con el grupo en un antrín para bailar salsa y ponerse la peda. A eso de la 9 llegó a la disco y sus maestros le recriminaron el haberse ausentado y perdido el itinerario cultural y académico. El viaje tenía otro propósito, además del de la fiesta, le decían. Que los que no habían ido estaban en la universidad tomando sus materias.
Él estaba muy pedo y ensimismado como para poner atención en las memeces que le decían.
"Pero hoy aprendí mucho"...es lo único que les dijo.
Se sentó en la mesa con varios amigos y su maestro Humberto. Un maestro en toda la extensión de la palabra; le había abierto los ojos para ver y entender la arquitectura. Compartir la mesa con él era un verdadero deleite. Lecciones de todo tipo, de la vida, la arquitectura y carcajadas al por mayor. Humberto no podía dejar de pensar con arquitectura y en arquitectura.
Compartir la mesa con él implicaba una gran producción de croquis en servilletas o manteles rayados. Esa vez no fue la excepción.
Se estaba levantando de la mesa para ir a descargar los litros de mezcal cuando pidieron la cuenta;
- No te hagas pendejo cabrón!!
- No taaardo mamón!!
Cuando salió del baño ya no había nadie, estaba el local vacío.
Se asomó y vio en la entrada un pequeño grupo, se acercó y vio que estaban en discusión acalorada con meseros y músicos del lugar.
De pronto uno de ellos gritó "Ese cabrón también!!"
En un instante le brincaron unos 10. Músicos y meseros, se le dejaron ir a madrazos.
Golpes por todos lados y patadas en los huevos, él nomás se hizo concha. Julio paró un botellazo que iba directo a impactarse en su cráneo.
Todo se detuvo cuando gritó "Mis lentes!!! Mis lentes!!!"
Habían salido volando y le preocupaba más perderlos que perder sus huevos...es que sin ellos no veía ni madres. Para ese momento no quedaban más que él y Julio ahí adentro...Julio logró calmarlos y salieron del lugar. El pobre madreado hecho un mar de lágrimas y sobándose los huevos. El único que quedaba fuera era Humberto, los demás se habían marchado para seguirla en otro lugar. Julio se fue a alcanzarlos. Humberto se quedó acompañándolo, los dos sentados en la banqueta. Uno sobándose los huevos y llorando y el puto de Humberto dicéndole "te los zobo, yo te los zobo"...inevitablemente la risa se colaba en el llanto.
- Vamoz, vente...vamoz con el grupo a seguirla.
- Ve tú, yo ya me voy.
Humberto se fue y él se quedó en la banqueta un rato más. Esperando a que se le pasara el dolor.
El de cabeza era insoportoble, estaba aturdido y mareado. La golpiza fue bárbara y tenía miedo.
Después de un rato se logró levantar y se encaminó a la plaza. No estaba lejos. Seguía llorando.
Al llegar a la plaza le sorprendió el vació, estaba desolada. Vio la luz de un local prendida y se encaminó hacia ella. Era una cantina. Entró y pidió un mezcal.
Había unas personas y el silencio era absoluto, como si estuviera sordo. El miedo se apoderó de él de nueva cuenta. Tal vez la madrina había generado consecuencias graves en su cabeza: seguía mareado más por los golpes que por el alcohol.
Intercambiaba miradas con los del lugar y las que le dirigían eran de mucha mala vibra.
Se incomodó y salió del lugar. Todo oscuro y en silencio. Volteó para mirar qué camino tomar y en eso el corazón le dio un vuelco y el terror se apoderó de él. Un cuerpo de mujer vestido de blanco y con cabeza de caballo lo estaba mirando fijamente desde la otra esquina y sintió que esos ojos le robaban el alma. Instintivamente huyó emprendiendo una carrera a velocidad inusitada y después de una cuadras tropezó por voltear a ver si no lo venía siguiendo aquel engendro del mismísimo infierno. La caída fue tremenda, levantó poco a poco la mirada para serciorarse de que estaba fuera de peligro y lo que vio le llenó de pánico y escalofrío de nueva cuenta; Delante de él, como si los espectros realmente existieran y fueran algo tan natural como el día o la noche, había una figura tapada con una manta negra, levitando unos centímetros sobre el suelo, con una daga que movía diestramente con una mano mientras decapitaba un pollo sujeto con la otra.
Se levantó de un brincó con los ojos empañados por las lágrimas y salió destapado de nuevo. Ahora lo que más le preocupaba era perder la razón. Siguió corriendo por su vida a velocidad adrenalina y miedo, los latidos del corazón empataban el número de zancadas que daba por segundo. Aceleró aún más el paso al sentir que iban detrás de él. Se atrevió a voltear y lo que alcanzó a ver le produjo un frío glacial que le congelaba la sangre de las venas; Era una figura casi humana, desnuda y semicubierta de pelo corriendo en cuatro patas, las traseras como de lobo y la cara de humano con expresión animal y desquiciada. Corría y berraba. Las lágrimas se le desbordaban y le impedían ver nítidamente. Lleavaba corriendo sin parar unos 10 minutos y de pronto se detuvo abruptamente al llegar a una esquina. Otro escena terrorífica; vio una mujer vestida de novia cargando de los pelos la cabeza de un infante caminando lentamente por la calle; ella se le quedó mirando, él petrificado y aterrorizado. Eran unos ojos negros, totalmente huecos, vacíos... se los clavaba mientras seguía caminando y la cabeza de la mujer dio un giro de 180 grados al doblar la esquina. Echó a correr de nueva cuenta despavorido, corrió varias cuadras y en eso vio un zagúan abierto y bien iluminado. Se dirigió hacia éste y entró atropelladamente gritando por auxilio. No había nadie. Encontró un altar con ofrenda y unas mesas adornadas con flores, pan de muerto, comida y mezcal. También había fotos de personas.
Le resultaban familiares y esto le produjo cierto desconcierto...también estaba la suya.
Se sentó en una silla y se echó a llorar amargamente.
No dejaba de repetirse que se estaba volviendo loco, que qué estaba pasando, por dios.
En eso escuchó una voz :
- "Tranquilo muchacho, estarás bien aquí con nosotros".
Levantó la mirada, habían varias personas. Se quedó líbido.
Eran el abuelo Rubén y el niño Joselito, María, Tomás, don Venustiano, Jacinto y María Graciela.

domingo, 25 de octubre de 2009

Un día especial. 3ra parte.

El departamento de Torsten estaba hecho una verdadera pocilga.
Absolutamente todo tirado, los trastes en el fregadero sin lavar
y apliados aùn con restos de comida.
Ropa sucia por todas partes; en el piso, en las sillas y mesa,
en el baño, en la recámara y sobre la cama.
El pobre muchacho llevaba un mes sin salir de su casa
y su semblante era como de un muerto viviente, no precisamente zombie;
Más bien como si se le hubiera podrido el alma.
No sabía ni en qué día vivía, las noches y días transcurrían sin que se percatara de ello.
Ni siquiera estaba en su cama, se encontraba tirado en piso de la sala entre ropa sucia y su propio vómito. El mal olor ya se colaba hasta el pasillo y había llamado la atención de los vecinos.
Varios de ellos, molestos, habían ido a tocarle la puerta sin que les respondieran.
El casero, notificado por estos, decidió irrumpir en el departamento.
La escena que se encontró lejos de hacerlo enojar le conmovió.
Sintió profunda lástima por su inquilino y decidió ayudarle, se llevó a Torsten a su casa y le pagó a la señora que hacía la limpieza del edifcio para que recogiera, ordenara y limpiara todo.
La seño le cobró caro, un mes de sueldo enterito por limpiar aquello.
Torsten estuvo 3 días viviendo con su casero y al cuarto lo regresó a su casa sin haberle logrado sacar una sòla palabra pero entre la esposa del buen samaritano y éste consiguieron meter a Torsten a la regadera y lo bañaron. También lograron hacer que comiera algo, no mucho, unos sorbos de sopa nada más.

Un domingo en la noche, las 12. Torsten sin siquiera pensarlo salió de su casa.
Deambulaba por las calles y podría decirte que ni siquiera pensaba en algo,
era la nada apoderada de su mente.
Llegó a una esquina donde había varios chavos echando relajo, más bien platicaban a gritos y soltaban groseras carcadas. Era una bola de maricas, prostitutos todos ellos. Ya los vecinos de la zona se habían quejado varias veces en la delegación, sin conseguir a la fecha que lograran encerrarlos o moverlos de ahí.
Justo cuando pasaba enfrente de ellos un auto se detuvo a lado de él.
-Subes?
Torsten se quedó mirando al conductor, éste abrió la puerta.
Torsten sin pensarlo, dominado por la incapacidad de tomar decisiones o siquiera pensar,
se subió.
"Marica! vete a tu esquina cabrón!", le gritaron las locas verdaderamente
ofendidas y encabronadas.
Llegaron a un motel, de ésos que tienen lugar para coche con cortina justo fuera de la habitación. Se bajaron del coche y entraron.
- No hablas mucho precioso...ten, te pago por adelantado. Así está bien?
El joto se aecercó a Torsten y le guardo la lana en la bolsa de atrás y aprovechó para apretarle las nalgas mientras le besaba y le mordisqueba el cuello.
Era un señor de aproximadamente unos 55 años,
de esos que tienen familia de día y de noche son re putos.
Torsten ni se inmutó.
El joto seguía fajándose al bulto mientras lo iba desvistiendo sin obtener respuesta alguna,
ni una sóla caricia o arrimón de camarón; pero uno estaba perdido por la lujuria y el deseo
y el otro nomás perdido.
Al cabo de un rato el joto terminó su asunto y no entro en detalle
porque fue verdaderamente desagradable.
El tipo dejó el cuarto no sin antes mentarle la madre a Torsten:
- Mejor me cojo a una almohada pinche maricón! vas y chingas a tu madre!
Nuestro amigo siguío acostado en la cama boca abajo sin voltearlo a ver. Al cabo de un rato se vistió y salió a caminar. Pasó frente a un puesto de tacos; el olor a suadero lo hizo salir del trance.
Se llevó la mano a la bolsa y sacó el dinero que le habían pagado por ser un muñeco y prestar el culo. Mil pesos.
Después de tanto tiempo sin expresar emoción alguna, puso cara de sorprendido,
una ligera mueca pues...y pidió sus tacos, 3 campechanos con todo. Luego otros 3.
Acabo de comérselos y se dirigió a su casa.
Después de una larga noche, exhausto, se dejó caer en la cama.
...aquí aprovecho para hacer una pausa porque ya me dio hambre y el antojo...voy por un taco.

jueves, 15 de octubre de 2009

Un día especial. 2da parte.

Ahora el clima de la oficina era ligero, cordial y amable.
Ya con el dinero en la bolsa la vida es otra.
El despilfarro, la peda y la alegría de vivir.
Torsten seguía apalancado y haciendo cuentas de lo que debía.
Su espacio vital era delimitado por la misma atmósfera densa y la mala vibra.
Nadie se le acercaba.
Los demás estaban enloquecidos.
Querían contratar edecanes para el viernes y se la pasaban
viendo páginas en internet buscando modelos.
-Mejor vamos al pelódromo!
César llevaba meses sugiriendo ir al teibol, ahora era el momento.
-Tubo! tubo! tubo! tubo!
Empezaron a corear todos al unísono.
Todos estuvieron de acuerdo...todos menos Torsten, que no se unió al coro.
-Cómo ves Tortas!?...vamos!
El Kleinchas lo animaba, un poco con compasión.
-No sé caón, debo un chingo de lana.
-Vamos manito, olvídate de las broncas por un ratito! Total, luego pides más lana prestada...jajajaja!
Torsten se quedó pensando, después de todo, era la historia de su vida...todo el tiempo pidiendo lana prestada. Pero pagaba, esos sí!
-Pos órale knnn, ya qué chingaos!
-Tuubo! tuubo! tuubo! tuuubo!...ora sí corearon absolutamente todos.
Eran 12 weyes en la oficina y ya olía a testosterona.
Pinche lana, pos para eso es!
Salieron todos juntos a la hora de la comida directo al banco a cambiar los cheques y después de ahí a echar el taco a "Los Güeros".
Todo era albur, cotorreo y emoción.
Se les quemaban las habas y andaban de perros viendo cualquier falda con piernas.
Regresaron a la oficina y otro rato de cotorreo, dizque trabajando pero no se podía.
La banda pensando en la juerga que les esperaba y revisando los sitios en internet con foros y recomendaciones para escoger el mejor antro.
Por fin! las 7pm!
Habían acordado escaparse una hora antes para irse a bañar y perfumar...iban a ver viejas!
La cita era a las 11 en el "Calígula".
Torsten no estaba del todo emocionado pero sí dispuesto a ir.
No podía despejar las deudas de su cabeza.
Decidió regresar a su casa caminando aunque ya tenía lana para el transporte.
La experiencia de la mañana le había agradado bastante y quería repetirla.
Pasan muchas cosas cuando uno camina por la calle y se está atento al pulso de la ciudad.
La mala vibra ya lo había abandonado y aún cuando no dejaba de pensar en lo que debía, se le podía ver de mejor humor, hasta contento, diría yo.
Iba disfrutando del paseo, atento a todo lo que pasaba.
La tarde le pareció hermosa, tenía cierto tinte dramático pues el cielo estaba cubierto por nubes blancas y esponjosas que tocaban la cabeza de los edificios; contrastaban con las nubes densas y negras que volaban más arriba y que anunciaban otra lluvia torrencial.
Venía mirando al cielo y casi choca con otra persona,
se detuvo abruptamente al sentir esa presencia invadiendo su campo vital
y cuando retomó su distancia una mujer lo veía a los ojos con cara de sorpresa.
Se quedaron mirando un momento y la mujer le sonrió.
Cuando una mujer te sonríe así el mundo se detiene, el tiempo se congela y el corazón se paraliza por un instante; no pasa nada más que el aroma que despide esa sonrisa y la música que se desprende de aquellos ojos.
-En la mañana te serví un café, estabas distraído...preocupado, diría yo.
Se pasmó, se quedó estupefacto, boquiabuerto.
-Trabajas por ahi?
Seguía pasmado, estupefacto y la boca más abierta...
-Jajajaja...estás bien?
Trabajas por el café?
-Sí...
Respondió, o al menos eso pareció.
Los ojos de Torsten se salían de su órbita.
Era la mujer más hermosa que había visto, y le estaba hablando.
-Te incomodo?
-NO!
Pero seguía pasmado...por fin le sonrió de vuelta.
-Cómo te llamas?
-Carolina, tú?
-Torsten.
-Quée?
-Torsten. Le repitió sonrojado.
-Y qué quiere decir?
-Algo así como dios del trueno.
Trrroooaaaaaa!!!
No acababa de decirlo cuando el cielo retumbó anunciando el aguacero.
Los dos brincaron y pusieron cara de "ayy weyy".
-Me das miedo!
Dijo Carolina y ambos rieron al unísono.
-Te invito un helado? Me acaban de pagar...
-Gracias pero no puedo, me esperan en casa. Pero mañana pasas por tu express?
-Seguro!
Se quedaron viendo un momento.
-Bueno, me despido.
Torsten se inclinó para besarla en el cachete y ella correspondió poniéndole la mejilla y volteando rápido para devolverle el beso. Se volvieron a sonreir.
Se quedó observando cómo se alejaba. Su andar era ágil y elegante.
A Torsten le pareció verla flotar..."es una diosa", se dijo.
Siguió su camino y ya nada más a su alrededor importaba.
Iba repasando cada momento de la escena en su cabeza y tratando de respirar o reproducir en su mente el aroma que había percibido de ella al acercase a darle el beso.
Era el aroma más dulce, cahondo y embriagador que había experimentado en su vida.
No se dio cuenta cómo pero ya había llegado a su casa. Al abrir la puerta del edificio se topó con un vecino que lo saludó pero Torsten ni respondió. Traía cara de imbécil y seguía pasmado.
El vecino pensó que qué bicho tan raro, se encogió de hombros y siguió su camino.
Torsten entró a su depto. La emoción se apoderó de él.
Inmediatamente fue al estéreo y puso una rola prendida, "She's like a rainbow" de los Rolling.
Se puso a bailar y a cantar a todo volumen. Estaba verdaderamente feliz.
Le dieron las 10pm sin darse cuenta, en chinga se duchó y perjumó.
El Kleinchas había quedado de pasar por él a las 10:30.
Se puso bien coqueto, pantalón ajustadito para que se acusara la herramienta
y camisa de manga larga con los botones bien abiertos para enseñar pectoral.
10:30pm, Klein en la puerta.
11pm en punto, todos en la puerta.
Cristian hasta se había puesto loción con ferhormonas.
Quería a todas las viejas como abejas en la miel.
Los demás lo miraban escépticos y burlones.
-Me cae que sí funciona wey!! lo leí en internet!
Todos se carcajearon.
Por fin los dejaron entrar después de hacerlos esperar un poco y su respectiva torteada para ver si no portaban armas o droga.
Al entrar todos pusieron cara de estar pisando el mismísmo paraíso.
Viejas y viejas por todos lados, semiencueradas y enseñando sus atributos, digo, las que los tenían porque había algunas a las que había que pedirles dinero en vez de pagarles por el baile.
Se sentaron en una mesa cercana a la pista 2. Eran tres pistas, y cientos de mujeres por todos lados. Punchis punchis a todo volumen, mujeres paseándose por las mesas echando miradas coquetas y caminando procurando rozar a la clientela.
Llegó el mesero y tomó la orden.
-Si alguna chica les interesa me avisan, les recomiendo a Alexa, la alta güera que está en la barra...es la más zorra.
Al instante regresó con 3 botellas, dos de vodka y una de ron.
En menos de 20 minutos ya habían agarrado la peda.
Todos cantaban y gritaban "pelos...pelos...pelos!!!..."tuuubo...tuubo....tuubo!!!!
El alcohol se les había subido de volada pues ya estaban predispuestos al reventón.
Ya cada uno tenía una vieja sentada encima pidiéndoles tragos
y sobando vergas por fuera del pantalón.
-Bibí, en la pista dóooos!!! Anunció el animador.
Salió una mujer despampanante, con unas nalgas y unas tetas generosas bien puestas.
-No mammes weeey!!! qué foorrro!!!
César no daba crédito, sus ojos no daban crédito a lo que veía.
-No mams caón, qué pinches piernotas!
Torsten estaba distraído viendo a una mujer haciéndole un baile a un cabrón y volteó a ver al oir la exclamación y los ayyy weeey de César.
-Uta madre no mames!!!!
-Qué pedo wey?!
-Pinche kleinchas, no mames wey! a esa vieja la venía siguiendo yo en la mañana!
Era la misma chava que le alborotó la hormona en la mañana y que había seguido por espacio de 10 cuadras con la cabeza metida en esas nalgas.
Bibí se puso a bailar y sus movimientos eran salvajemete eróticos y cachondos. Ya todos tenían la pinga bien parada y nadie hablaba.
Bibí bailaba con un top y unos shortsitos bien pegaditos
los cuales acusaban más la redondez de las nalgas.
Llevaba puesta una cadenita alrededor de la cintura
y ésta se dibujaba muy esbelta, parecía avispa.
Era una maestra del tubo y dueña de una impresionante flexibilidad.
Se despojó del top y los melones se descubrieron grandes, groseros y altaneros.
Todo el antro empezó a aullar y a gritar.
-Pbinches bubis operaáadas weeyyy!!
Gabo arrastraba ya la lengua al hablar
y no dejaba de repetir no "maaamss weeeyy son operadas cabróoonn"
En realidad era difícil de distinguir ya que la penumbra
y los flashes deslumbrantes del antro apenas y dejaban ver con alguna nitidez.
La concurrencia a coro pedía a gritos que se quitara los shorts: "pelos..pelos...pelos"!!!!!
Torsten se percató de que Bibí le estaba lanzando miradas seductoras mientras se mordía el labio inferior. El wey estaba ya muy mareado pero eso le calentó cabrón...
Terminó la música y el baile, Bibí no se quitó el short.
"Buuuu, buuuu" "buuuu"
-Quiero mi dineroo!!!!
-Culeeeeros...culeeeros....culeeeeros!!!!
Rugía la multitud enardecida.
Bibí bajó del escenario altanera y con sonrisita socarrona meneando altivamente las caderas y bamboleando esas nalgas. Mientras caminaba se ponía el top e iba en dirección a la mesa de los arquitectos.
Bum! bum! bum! bum!... la música.
Pum! pum! pum! pum!... el corazón de Torsten.
-Hola papi, me puedo sentar?
-Claro mujer!
Según Torsten era dueño de la situación pero su lengua se trababa y su mirada era perdida y la atravezaba mientras la miraba. Bibí se sentó en sus piernas y luego luego llevó las manos a inspeccionar el paquete.
-Mmmmm, que paradita nene! me invitas una copa?
-Mesero! Dla sheeeñoritaá quiere vever!!!
El mesero le llevó una copa a Bibí y se la tomó en un sólo movimiento.
-Tsssss...shiquieressoootraa?
Bibí le levantó la copa al mesero indicando el refill.
La mayoría de las chavas no bebían alcohol para aguantar la batalla.
Otras tantas se bajaban la peda con coca y había las que salían arrastrándose haciendo desfiguros.
Bibí era de las que no bebía.
-Me compras un peivado papi?
-Ssheeguro reina! de a cómo?
-1,500 papi.
Torsten asintió dejando caer pesada la cabeza un par de veces y Bibí le hizo la seña a la boletera.
Torsten pagó el privado mientras Bibí se levantaba y se ajustaba el top y los chorsitos. Era una mujer muy alta, de espalda amplia y cuerpo un tanto atlético. Era voluptuosa, pero de una voluptuosidad casi dibujada o diseñada.
Lo agarró de la mano y caminó frente a él procurando restregarle el trasero en el paquete.
Los dos eran casi del mismo vuelo. Torsten se la iba torteando mientras caminaban e intentó meterle la mano en la entrepierna.
-Espérate papi, ya vamos.
Tenía una voz un tanto áspera.
Subieron las escaleras. Iban a entrar a un cuarto y al lado de la puerta los detuvo un cabrón de seguridad y le exigió una propina a Torsten, quesque para que nadie los molestara.
Le bajó un billete de 500.
Entraron al cuarto, estaba en penumbra y olía feo.
-Desvístete papi, te voy a bailar.
-Psssóralepuesss reina!
Bibí aprovechó que comenzaba una rola para iniciar su danza seductora.
Torsten verdaderamente intoxicado sentado en una silla.
Bibí se acercó y le dio la espalda y empezó a menear la cadera acercándose cada vez más al paquete del amigo, quien empezó a despejársela de la cabellera para acariciarla. Se topó con la cadena que llevaba en la cintura mientras iba de vuelta subiendo las manos atorándose con ésta
y la mujer exclamó "sss ayy" con dolor.
-Tssshhqué pasa reináa!
-Ten cuidado, despacito bebé.
Ella se volteó para enseñarle las tetas y Torsten comenzó a amasar.
-Shonnnaturáleess?
-Claro papi, agárralas...bésalas.
Torsten era voraz y lamía apenas soportando el peso su cabeza.
La mujer comenzó a terminar de desabotonarle la camisa y a besarle el pecho. Se hincó para desabotonarle el pantalón, le sacó la verga y se la llevó a la boca. Ella también era voraz, pero Torsten no reaccionaba...
-Acuéstate papi, te voy a hacer masaje en la espalda con mis tetas así bien rico.
Torsten apenas logró inclinarse sobre una mesa junto a la silla, estaba con el torso apoyado sobre ésta y con los pantalones y calzones en los tobillos.
Bibí lo empezo a acariciar con una mano mientras que con la otra se liberaba de la presión del chorsito. Se inclinó para restregarle las tetas en la espalda y se fue bajando el pantaloncito.
Después se llevo las manos a la cintura para quitar el segurito de la cadena, en una mano se quedó con un extremo mientras que la otra se la llevaba a las nalgas.
Abrió los glúteos haciendo una sentadilla con las piernas abiertas y...
Madre santa!
Entre las nalgas escondía la verga!
Es un truco que hacen los trasvestis. Con una cadena amarran la punta del pene a un extremo, la pasan por debajo de los huevos y la atoran entre las nalgas mientras el otro extremo lo enredan en la cintura y terminan por asegurarlo.
Bibí empezó a lamerle la oreja minetras se jalaba el pitote para parárselo. Torsten estaba perdido en el alcohol. Bibí le acariciaba la espalda y poco a poco fue llevando una mano a las piernas del muchacho para abrirlas...y embistió.
Aaaaaaaggggghhhhhhhhhh!!
Un dolor intenso se apoderó del recto de Torsten a manera de electrochoque.
Queé peedo cabrón! Nomames nomames nomames!
Torsten estaba sometido, perdido y siendo violado.
Bibí le descargaba su peso con una mano en el rostro restrgándoselo en la superficie de la mesa.
Las lágrimas de Torsten escurrían por su rostro y encharcaban la mesa.
Bibí terminó, le descargó el semen en el culo al pobre muchacho.
Volvió a amarrar el pene con la cadena, se puso los pantaloncitos
agarró el top y salió del cuarto compartiendo una sonrisa de complicidad con el de seguridad.
Apenas salío Torsten empezó a berrear.
Escupía gritaba y maldecía.
El dolor y el asco le bajaron la peda.
Gritaba como loco y de su garganta salían chorros de vómito.
El personal de seguridad entró para sacarlo salvajemente del cuarto y del antro.
Paco vió como lo venían bajando por la escalera y Torsten histérico convulsionándose y berreando "pinche puto hijo de mierdaaaaa!!!!"
-Pinche joto hijo de la mierdaaaaaaa!!!!!!!!
-Pinche marica hijo de putaa chingas a tu putamadree!!!!
Lloraba gritando... o gritaba berreando.
Descargaba la furia e impotencia que no cabían en su ser, que no saldían jamás de su ser.
Los orangutanes lo sacaron por la puerta trasera y los amigos corrieron a trás de ellos.
Los detuvieron los meseros y los guarros para que pagaran la cuenta. Un chingo de lana, además les robaron exigiendo su propina...un dineral.
salieron y encontraron a Torsten tirado en la banqueta ahogado en un llanto incontenible, inconsolable.
-Qué pasó cabrón???!
-que te pasó???
-Que pedo hermano???, nomames cabrón, que pedo??
-Torsten que te pasó!!??, que chingada madre sucedió??!
Ni una palabra, torrente de lágrimas, llanto de amargura.
Lo llevaron a su casa. Lo subieron a su depa.
-Wey nos quedamos cabrón.
-Largooo...lárguense cabrones...que se laaarguen hijos de la chingada...lar guén seeeeee!!!!!!!!! hijos de putaaaaaaaa!!!!!
No entendían, estaban aterrados...no entendían....se fueron, lo dejaron.
Torsten no fue en 2 semanas al trabajo.
La secretaria Elsy lo estuvo llamando diario por teléfono.
Los amigos fueron diario a Tocar su puerta.
Lunes después de dos semanas.
Despertador.
Baño.
Sin café ni cigarro.
Metrobus, Torsten mirando por la ventanilla con la mirada perdida.
Hundido en la depresión.
Caminó hacia la oficina, a una cuadra del café se detuvo abruptamente.
Se acordó de Carolina.
No cruzó la calle, la vio de lejos.
Se quedó mirándola, las lágrimas en sus ojos opacaban la imagen.
Torsten dio la vuelta para regresar, quién sabe a dónde...
y se alejó.

martes, 13 de octubre de 2009

Un día especial. 1ra parte.




Las dos de la mañana y no podía cerrar el ojo.
Era una noche brillante y limpia.
La luna era una gran lámpara colgando del firmamento
y bañaba el hemisferio del planeta con esa luz que embruja,
esa luz que hace a los lobos aullar y que sólo de ella emana.
Había llovido por espacio de 2 horas.
Estaba todo mojado y ahora era el silencio absoluto...
salvo por el anuncio de luces del café, que aún estando cerrado,
se mantenía prendiéndose intermitentemente
produciendo ese sonido...bzzzzzz,
noche tras noche.
Ya lo tenía desquiciado.
Se había levantado para prender el estéreo e insatisfecho,
lo apagó inmediatamente.
Tomó un lápiz y papel para dibujar,
ni una sola idea pasó por su cabeza.
Abrió aquel libro para empezar a leerlo por enésima vez,
leyó el mismo párrafo tres veces
sin poder concentrarse y lo cerró.
Fue hacia la cocina y abrió el refrigerador sabiendo lo que había adentro,
no tomó nada y lo cerró.
Se sentó de nueva cuenta al borde de la cama para mirar por la ventana
y ser consumido por el cigarro,
sólo veía para afuera, sin poner atención en algo específico.
Tenía tantos deseos de que pasara algo, lo que fuera...pero nada.
2 horas ahí sentado y nada.
Había sido un día como cualquier otro:
Despertador, baño, café y cigarro, metrobus,
caminar dos cuadras hasta llegar al café cerca del trabajo,otro café y cigarro.
Las mismas señoras de siempre chismeando fuera del café;
Cada mañana dejaban a sus niños en la escuela
y pasaban por el café sin realmente querer tomarlo,
puro pretexto para no enfrentar el vacío del día
y contarse sus espectaculares aventuras en el centro comercial o en el súper.
Hablaba una y luego otra, se interrumpían constantemente
y ninguna le ponía atención a la otra.
Él se esperaba para ver si aparecía alguna señora nueva
y poder verle las nalgas, esperando siempre la llegada
de alguna mamá despampanante.
Nada, las mismas urracas de siempre.
Terminó el café, el cigarro y se levantó sin intercambiar ni una mirada,
ni un buenos días.
Se veían las mismas personas todas las mañanas y nadie se saludaba,
sólo los que no se eran ajenos o desconocidos lo hacían.
Se encaminó a la oficina; buenos días poli, gracias.
Buenos días a todos, gracias.
Trim, copy, paste,offset,
undo, undo, erase, messenger, mails, 2 pm,
dónde vamos a comer? vienes? no tengo lana, gracias, provecho.
4pm, café y chokis, trim, copy, paste,offset, undo, undo, erase,
messenger, mails, teléfono, save, reloj, reloj, reloj, 6pm.
Uta madre faltan dos horas.
Trim, copy, paste,offset, undo, undo, erase, messenger, mails, save.
Buenas noches poli, igualmente, gracias.
Llegó a su casa, prendió la tele y vio noticias: la misma mierda de siempre.
Pidió una pizza y el pinche repartidor llegó a los 15 minutos,
la pizza no fue gratis, mierda!
Tuvo que desembolsar la poca lana que le quedaba
para vivir el resto de la semana.
Se la zampó toda sin dejar nada, acto seguido fue al baño
y cerró la puerta para verse en el espejo de puerco entero.
Se puso de perfil y se amasó la barrigota.
"No mames que pinche cerdo estoy".
Se fue a acostar todo empachado y sólo veía al techo,
así hasta las dos de la mañana y a las 4 se durmió.
Despertador otra vez. Baño, ya no le quedaba café ni cigarros.
Ya no le quedaba lana.
Lo único bueno es que a partir de ahí el día fue distinto.
Se fue a la chamba caminando cosa que le hizo ver su barrio con otros ojos.
Salió de su casa y el peluquero abría el changarro.
- Buenos días joven.
El joven lo volteó a ver como si fuera un marciano y balbuceó buenos días.
Nunca se habían saludado.
Acto seguido entró al café y el dueño lo recibió
con un buenos días joven qué le sirvo, feliz de tener a su primer cliente.
- Disculpe, no habría modo de que apagara su anuncio por las noches?
Es que no me deja dormir.
- No va a querer nada? le respondió malencarado.
Salió sin decir más nada.
Iba caminando evitando los charcos en la acera y en eso vio un gato muerto.
Pensó que seguramente era de peor suerte que cruzarse con un gato negro...
y que algún cabrón despiadado lo había matado, tal vez un perro.
Quién sabe.
Tal vez había entrado en la lavadora mientras algún amo de casa despistado echaba la ropa sin percatarse de que la curiosidad del gato, como siempre,
lo llevaría a su muerte.
Al darse cuenta del triste destino del animal lo sacó para echarlo a la calle
y así evitar confrontar la idignación de su hija, la rabia por tal descuido
y el llanto inconsolable .
Quién sabe.
Iba pensando en ésto cuando levantó la mirada y ooh dios!
...Madre santa!
Qué mujer, una combinación entre ángel y demonio, entre pecado y salvación.
Por un lado una belleza celestial, fuera de lo terrenal...y por otro,
un cuerpo despampanante, la tentación hecha mujer,
el deseo irrefrenable por la carne.
No sabía si enamorarse o cojérsela,
de cualquier manera lo segundo jamás iba a suceder,
así que nomás se fue enamorado de su belleza...y bien caliente.
La fue siguiendo varias cuadras viendo su trasero bamboleante y ese sexy andar.
Ella se dio cuenta y le echó ojos de pistola, él se hizo pendejo y cambió el rumbo.
Estaba desorientado, no se dio cuenta por dónde había caminado
ni cuántas cuadras había estado fantaseando con la cara metida
en esas nalgas de antología.
Retomó la conciencia y el buen camino, que no el del Señor...
el correcto para llegar a la chamba.
Una hora de caminar y por fin llegó al café. Chale, no tenía lana.
Cruzó la calle y entró a la tiendita de enfrente.
-Buenos días don.
-Qué tal mano, buenos días, ya a chambear?
-Pos qué nos queda, a corretear el bolillo.
-Si verdad, hay que chingarle.
-Eeeei...
Oiga don, fíejese que olvidé mi cartera,
quería preguntarle si me puede fiar los tabacos
y prestarme pa'l cafecito.
-Claro que sí, faltaba más.
Para eso estamos, para echarnos la mano, o no?
-Muchas gracias don, mañana sin falta se lo pago.
-No te preocupes manito, aquí estamos.
Oye, ahí con ustedes trabaja una chica de pelo largo oscuro?
-Si, un bombón verdad?
-Tsssssi mano! El otro día la seguí con la mirada
y vi que entraba ahí donde ustedes trabajan...
está re guapa la condenada.
-Sí, y es a todo dar...muy linda.
-Dile que le mando saludos, de mi parte por favor!
-Cómo no, con todo gusto. Muchas gracias don.
-Órale mano, nos vemos después.
Volvió a cruzar la calle y se dirigió al café por su express mañanero.
Ya ni se preocupaba por poner atención al rededor,
se acercó al mostrador y pidió su café en automático.
Ni siquiera se percató de que la mujer que lo atendía
era nueva y estaba preciosa, verdaderamente de llamar la atención.
De ésas que cautivan miradasy se apoderan de corazones necesitados de amor.
El idiota pagó su café sin levantar la mirada, pero bueno,
probablemente mañana se dé cuenta y la descubra.
Se encaminó a la oficina tomando su café
poniendo especial cuidado en no quemarse
y levantando los ojos mientras sorbía.
Se cruzó con una mujer alta,
gordita pero con cara de cachonda que se le quedó viendo.
Se puso nervioso y le pareció que ella le había sonreído de manera atrevida,
le pareció que esa mirada lo invitaba a pasar.
Siguió de frente acelerando el paso esperando
salir rápidamente de la zona de peligro.
Ya fuera de ella se dijo que qué pendejo, que se la hubiera podido cojer!
Lo que es tener la mente cochambrosa,
ya parece que uno no puede recibir gestos de amabilidad de otras personas
sin ser más que éso, pura amabilidad.
Es incréible las horas que puede gastar uno al día pensando en pura tarugada, inventando historias imposibles y elucubrando situaciones fantásticas, elaborando divagaciones complicadas y con apariencia de profundidad...

-Buenos días poli.
-Disculpe, es usté nuevo aquí?
-El nuevo es usté poli, yo ya llevo rato aquí trabajando.
-Jeje, si verdá? y cómo dice que se llama?
- Alejandro, pero en realidad me llamo Torsten Schnippenkoetter.
...
El poli no se atrevió a decir más nada,
abrió la puerta y Torsten entró diciendo gracias.
-Buenos días camaradas.
Nadie le respondió. Él no le dio importancia.
El tedio y la desesperación se habían apoderado de la oficina.
Llevaban 4 meses trabajando sin recibir remuneración económica alguna,
ni siquiera señales de agradecimiento o palmaditas en la espalda.
La atmósfera era densa y tensa, se podía cortar con el cutter.
Y lo de siempre de nueva cuenta,
a la computadora y a escribir esos comandos ad nauseam.
Ya vivían en su cabeza y anidaban en el cerebro.
En las noches de insomnio lo único que producía éste,
eran esas palabras escritas en el teclado de manera infinita.
No podía pensar en otra cosa,
los comandos se habían apoderado de su psique,
se repetían y reprodicían constantemente en su mente
la cual era ya una pantalla negra procesando códigos binarios en verde
como parásitos malignos consumiendo la materia gris.
Es increíble como el trabajo manual y artesanal,
a veces artístico del dibujar, se ha transformado en el acto frío
y distante de presionar las letras de un teclado.
Toda la experiencia espacial, sensorial y propioceptiva
del acto de dibujar ha sido reducida a utilizar 2 o 3 dedos ,
ha sido anulada y bloqueada por la tecnología.
Los dibujos son elaborados ya cual producción de hamburgesas mac donalds.
"HolabuenosdíasminombreesTorstensuproyectocómovaaser?"
"Por500milpesosmásdeseaagregarcertificaciónleedasuproyecto?"




-Buenos días chicas!
El mismo saludo de siempre y como respuesta,
la misma sonrisa fingida de siempre.
Así entraba saludando todos los días el jefe.
Era imposible dejar de pensar en que era joto de closet.
O tal vez ya estaba fuera y llevaba esa doble vida a la perfecta discreción.
Definitivamente era amanerado, pero hacía referencia a las mujeres
como si verdaderamente fueran su afición.
-Chicas, les tengo una buena noticia, hoy finalmente nos depositaron
y vamos a poder cubrir nuestro adeudo con ustedes casi en su totalidad...
no les da gusto?
-Pues el cheque nomás va a cambiar de manos
y me voy a volver a quedar sin dinero, esa lana ya la debo.
Así respondió Torsten y así echó a perder el momento victorioso del jefe.
-Sí bueno, pero ya vas a estar tranquilo por liquidar tus deudas.
-Lo que me tiene intranquilo es no tener dinero
ni para tomar el transporte y venir a trabajar, ni se diga ya para comer.
-Bueno, pero no pagues todo lo que debes y quédate con algo.
"Pos si verdá, tan fácil", respondió Torsten.
Seguía ensuciando el momento de gloria del jefe y éste, bastante incómodo,
salió diciendo que podían pasar por sus cheques llevando el respectivo recibo.
A la hora de la comida el jefe propuso ir todos juntos a comer
y tomarse una cervecita.
Por la cabeza de algunos pobres ingenuos pasó la idea
de que el patrón iba a pagar la comida y las rondas de cerveza...JA!
Torsten por supuesto que no iba a participar de la puesta en escena,
y mucho menos se iba a tragar la historia de que Daniel iba a disparar.
Los compañeros regresaron indignados.
Entre todos acabaron poniendo lana de su bolsa
para pagar lo que Daniel el jefe había consumido...
qué bruto y qué grosero,
qué culero...
Joto, mamón y con desplantes de pordiosero.



viernes, 9 de octubre de 2009

Mi amigo Gabo

miércoles, 30 de septiembre de 2009

A veces es mejor que no pase nada

"A veces uno no tiene nada qué decir.
El día transcurre en la habitual y monótona rutina.
No te topas con la sonrisa de alguna mujer que te abofeté para olvidarte del mundo real y entres al de la fantasía. Ningún suceso en especial que te saque del tedio y que te recuerde que existe un mundo mágico, porque en el tedio uno vive esperando "algo", un no se qué que te eleve por encima de lo mundano; Uno vive a la expectativa de alguna felicidad, que por el hecho de saber que tan sólo será momentánea ya no será felicidad...y por lo tanto no se busca, y por lo mismo jamás llega."
Todo este choro existencialista le estaba soltando el Tapir a la Bipolar. Ésta, como estaba en momento depresivo estaba clavada en el rollo al punto de romper la botella de chela en la mesa para con un vidrio, cortarse las venas ahí mismo, en la cantina. Se veía así misma indiferente a los hilos de sangre escurriendo por las muñecas tiñendo la mesa de rojo intenso. Se imaginaba al Tapir en un triunfo apoteótico lamiendo la sangre y embarrándosela en la cara mientras todos al rededor eran indiferentes, como ella, a la escena.
No le iba a dar el gusto, no le iba a proporcionar el suceso del día, la sorpresa; no iba a nutrir la fantasía del Tapir.
Se levantó de la mesa en plena verborrea tapiresca sin decir nada. Fue al baño y se metió una línea. Regresó a la mesa y se sentó. El Tapir seguía hablando como si ella no hubiera desaparecido.
- Vamos a cojer. Dijo la Bipolar.
El Tapir pidió la cuenta, pagaron y salieron de la Guadalupana.
Mientras caminaban por la osuridad, cruzando la plaza a la luz de las farolas la Bipo se percató de una melé.-
- No mames, ya viste qué madriza le están poniendo a ese viejo?
Eran tres chavos poniéndole en su madre a un señor de edad avanzada.
- Jijos de la chin...
Salió destapado el Tapir hacia el campo de batalla preparando los puños y apretando la quijada... y entre los cuatro le han puesto una putiza al pobre; nomás se oían los gritos aterradores de auxilio del aquél hombre mientras la Bipolar los ahogaba con sus histéricas carcajadas. Se le saltatban los ojos, la greña en la cara y las manos apoyadas en las rodillas. Estaba disfrutando desquiciada el espectáculo.
- En la cara no! en la cara no por favor! gritaba desesperado el victimado.
Apenas escucharon la súplica empezaron a patear la cara del anciano ya tirado haciéndose concha en el piso. La bipolar salió destapada y se incorporó al juego de patadas.
Lo zurraron hasta dejarlo inmóvil. Se veían unos a otros con cara de maniáticos y sonrisas vanagloriosas.
- Ya me dio hambre, vamos por unos tacos.
- Pero íbamos a ir a cojer!
- Primero los tacos!
-Hey, invita los tacos cabrón! exigió uno de los tres chavos.
-Mcht! vete a la chingada mano!
Apenas acabó el Tapir de mandarlo pa' llá y se oyó el crujir de su quijada...Kruajj!!
El que quería la invitación le propinó tremendo golpe, digno de cualquier campeón de boxeo y acto seguido, se lanzaron los otros dos para aporrearlo.
La Bipolar entró de nueva cuenta en un trance histérico soltando tremendas carcajadas y aullidos. - Jajaja! Deféndete cabrón!! le gritaba.
El Tapir tuvo suerte, llegó la patrulla y los agresores salieron destapados, no sin antes arrebatarle la cartera. La Bipo se carcajeaba mientras les gritaba que eran unos maricones.
- Todo bien joven?
- Si oficial, gracias. Por allá anda un viejo tirado al cual casi matan. A mí me madrearon por irlo a ayudar.
- No se mueva joven, espérenos aquí. Y fueron los oficiales.
- Vamos por los tacos?
- Pendeja! me robaron la lana!
- Nos van a tener que acompañar a la delegación a declarar, el hombre está medio muerto. Suban a la patrulla.
- No van a pedir una ambulancia? peguntó el tapir.
- Qué cínico eres pinche Tapir!
Uno de los oficiales la volteó a ver inquisitivo mientras el otro decía que ya la habían pedido.
Se subieron a la patrulla y se adentraron en Coyoacán metiéndose por callejuelas estrechas hasta llegar al callejón del aguacate y apagaron el coche.
- Bájense cabrones!
- Qué pasa? dijo el Tapir.
- Que te bajes cabrón!
Salieron todos de la patrulla. Un oficial esposaba al Tapir mientras el otro acariciaba la cabellera de la chava. La tomó de la greña y la azotó contra el cofre de la patrulla.
- Hijo de la chingada! gritaba el Tapir mientras el otro oficial le hundía la macana en el estómago.
Kguooffff!...se quedó sin aire.
Los dos oficiales le arrancaron el vestido a la Bipo.... y empezaron a violarla.
- Cójanme cabrones! cójanme!
La Bipolar, otra vez en su histeria delirante, ahora gozando del sexo violento sobre el cofre de la unidad.
Al Tapir ya ni lo pelaban.
Los oficiales como animales cojiéndose a la chava.
La chava en éxtasis, en trance. Reía, gritaba y gemía.
El Tapir se encogió de hombros y se fue, así nomás, empezó a caminar y se alejó.
Llegó a Miguel Ángel de Quevedo. Seguía esposado, hecho que le impedía hacerle la parada a algún taxi o pesero ya que las manos estaban detrás, pero aún así lo intentaba.
Otra patrulla se fijó en la acción y se detuvo. Se bajó la pareja de oficiales llevándose la mano a la pistola.
- Qué sucede señor?!
El Tapir les explicó. Un oficial le quitó las esposas y le prestó una lana, no sin antes tomar sus datos para irle a cobrar.
" No cabe duda que aún queda gente buena " dijo el Tapir, y se fue a echar el taco.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

02 11 09


"Ya es hora"... Escuchó.
Se incorporó y se sintió helado.
Veía al piso sentado en la cama buscando su calzado.

parecía despertar de un sueño en donde,
al parecer una mujer, le susurraba algo al oído.
Un susurro pálido y frío.
Alzó la vista y apenas pudo ver la negra cabellera desaparecer.
Él se levantó para seguirla aún sin querer.
Salieron de la casa y percibió la atmósfera enrarecida. No se escuchaba nada,
todo parecía haber perdido el color; los árboles y los pastos, todo sin matices.
El cielo apenas perceptible y todo fundiéndose en una escala de grises.
Con dificultad distinguía la negra silueta que parecía flotar;
Iba varios metros delante de él y sin parar.
Su negra cabellera y vestimenta se amalgamaban
eliminando cualquier contorno haciendo de ésta una figura monolítica y amorfa.
Apresuró el paso por la calle al ver que se metía a la estación del metro.
Pareció que la perdía y eso le causó un poco de temor.
Bajaron al andén y del techo vio colgando un reloj.
Marcaba las 6 y 12, era la hora en que se había detenido; todo parecía haberse congelado a su alrededor.
Tal vez sea la hora en la que un pobre loco lleno de alegría sonrió.

De pronto al ver pasar la máquina volando, se estremeció,
era seguida por los vagones llenos de gente con rostro de pavor.
Todos sentados viendo por las ventanillas, pálidos y con las miradas perdidas.
La mujer seguía unos metros adelante de él y de nueva cuenta le pareció verla flotar, tal vez por el efecto que producía el movimiento del tren a toda velocidad.
Se percató de no haber escuchado nada, ni al tren venir de volada;
ni el familiar silbido avisando que las puertas se cerraban.

Se volvió a estremecer;
Al ver que los vagones venían vacíos sintió enloquecer.
-Qué me está pasando?
Buscó frenéticamente a la mujer con la mirada temiendo no encontrarla.
Estaba sentada alejada de él dándole la espalda.
Se dio cuenta de que no la conocía, pero se tranquilizó al verla ahí sentada.

El tren en marcha. Acelerando y cortando el viento cual espada.
Se asomó por la ventanilla y volvió a ver gente andando toda sin rumbo
como congelada en el andén y dando tumbos.
-Pero...si no había nadie!
No entendía lo que pasaba y perturbado,
se aterró al no recordar nada de su pasado.
No sabía por qué estaba ahí.
Por qué la había seguido en tal frenesí.
Por qué tal atracción hacia la mujer.
Lo único que entendía es que con ella tenía que ir.

Se armó de valor y caminó al encuentro para hablar con la negra silueta,
cuando de pronto ésta se levantó y el tren hizo su parada de manera violenta.
Se abrieron las puertas y la mujer de negro salió casi volando y él corriendo atrás de ésta.
La estación en la que bajaron no era subterránea, de hecho ni era estación.
Parecía un paraje en medio de un bosque de árboles petrificados, grises y sin fronda. La mujer se alejaba y él le gritó...
Daba aullidos sordos que no salían de su boca.
Detuvo la carrera y su cara expresaba gritos inaudibles de terror a manera de mueca.
Desubicado empezó a dar vueltas sobre su propio eje para ubicarse en el espacio,
plantando bien los pies en la tierra, con fuerza y temerario. No sentía la tierra, no sentía gravedad alguna; no sentía nada.
Un llanto sordo y lágrimas secas se dibujaron en todo su ser;
Se desgarraba la piel del cuerpo sin dolor alguno al parecer.
De pronto se percató de la presencia de la sombra
atravesando en la penumbra el bosque petrificado.

El hombre corrió para alcanzarla decidido y exaltado.
Cada vez que parecía que la iba a alcanzar
ésta desaparecía para de pronto, detrás de algún árbol, volver a aparecer.
Pareciera que detrás de cada árbol
se escondía una silueta negra en forma de mujer.
Al cabo de un rato de estar persiguiendo la nada desistió.
-Esto no puede ser!.

Volvió a escuchar aquella voz en un susurro:

-Acompáñame.

Volteó rápidamente. No había nadie.

A lo lejos descubrió un lago;
Una barca en el lago.

En la barca la parca vestida de largo.
Irresistible seducción.

Un canto de sirena sin sonido; Fatal atracción.

De pronto su vida no tuvo sentido y fue a su perdición.
Caminó hacia el lago;

Viendo a la silueta se quedó ahí parado.
Por fin frente a frente...
No tenía rostro... era la muerte.
Subió a la barca, sin más remordimiento
saludó a la parca y se arrojó a su suerte.



sábado, 19 de septiembre de 2009

En busca del peyote

Eran los 90´s...pero para nosotros parecían los 60´s.
Por azares de la relación matemática interestelar, mi vida había dado un giro de 155 grados.
Se rompieron paradigmas y lo que antes condenaba se había vuelto en mi contra, mi cruz, cabe decir que la cargué con gusto, sin embargo me llevó a situaciones ridículas e inesperadas; grandes aventuras y puntos de quiebre en donde estuve a punto de perder la razón, si nó por la cantidad de hierba ilegal fumada, por la epilepsia adquirida por el abuso en el consumo de ésta.

En aquel entonces las islas, no distaban mucho de ser lo que fueron en los 60´s y 70´s y posiblemente en las décadas siguientes: zona libre de consumo y venta de cualquier cantidad y tipo de estupefacientes, drogas y sustancias ilegales.
La habitaban personajes como el inolvidable "Clark", quien además de vender mota, era melómano y vendía cassettes con la música más selecta de géneros como el Rock, blues, jazz y progresivo. Hicimos buena amistad con él e incluso íbamos juntos a conciertos, como el inolvidable de Crimson.
Recuerdo que después de éste nos llevó a visitar a su amigo, un pintor, de pocas palabras y mirada amenazante. Estaba consumiéndose el pobre, tumbado en un sillón. Así fue como lo encontramos al llegar a su casa; nos presentamos y ni abrió la boca. Sólo nos clavó la mirada y nos hizo un ademán con la cabeza en dirección a una mesa a la cual quería que nos dirigiéramos.
En la mesa había una pila de papel blanco, tinta china y un pincel. En el muro pegados, y esparcidos sobre la mesa, papeles con dibujos y caracteres hechos con tinta china. Entendimos el mensaje y esbozamos nuestro garabato.
Acto seguido nos sentamos. La atmósfera era relajada, a pesar de su mirada penetrante y agresiva. Todo en penumbra.
Libros, discos, pinturas y demás objetos regados por todas partes. Nadie hablaba, sólo la música. Clark sacó de su maletita amarilla, donde guardaba sus cintas y la droga, el papel arroz, opio y marihuana. Untó el papel arroz con el hasch y forjó un churro, le dio unos jalonsotes y lo empezó a rolar. Después otro, y otro...y no sé cuantos más.
Nadie dijo nunca nada, cada quién en su viaje. Después nos fuimos y eso fue todo, por lo menos lo que recuerdo.

Además del Clark, rolaban por ahí el Venenos. Dealer de mota y coca que bajaba del barrio de Santo Domingo. Un tipo agresivo que siempre terminaba hasta el queque y llorando. También terminó en el bote. Estaba el Acapulco, que llevaba muy buen material, ya saben de dónde...la golden, claro. Acabó en la lata y se volvió famoso ya que su detención fue cubierta en una nota de periódico.
El Halcón, dealer y matón, seguramente, ya que siempre cargaba un arma; un revólver 9mm. Tenía la expresión de maldad en el rostro y cara de querer descargarle la pistola a cualquiera.
No supe mucho de él, por obvias razones no me le acercaba y seguramente también acabó tras las rejas si no es que frío en la morgue.
El buen Quique, un pan de dios el cabrón. Vendía mois y se valía de su estatus de empleado de la casa máxima de estudios para evadir a la justicia.
Y otros tantos que seguramente no vale la pena mencionar ya que ni me acuerdo de ellos.

A las islas llegaban de todas la facultades a pasar el rato, a consumir droga y alcohol al ritmo de la música de Clark -que siempre llevaba su grabadora para acompañar el viaje - o de los güeyes que llevaban sus guitarras, harmónicas y yembés. Por cierto que a Jaime le compré una harmónica fregonsísima que el wey malbarató para comprar coca.
Se veían numerosas bolitas de estudiantes sentados en el pasto, todas con una nube de humo flotando por encima. Era como una hermandad...más bien como una tribu de drogadictos con códigos de comunicación en busca de la identidad perdida.
18! ...18!! se oía a cada rato. Era la clave para avisar que venía el vochito con la policía universitaria. Llegaban a hacer redadas y se llevaban estudiantes, pocas veces a los dealers.
Fue ahí donde me enteré de todo el tipo de droga que existía, de la manera en consumirla y contrabandearla. La verdad, nunca me atreví a probar nada que no fuera mary jane y un par de veces el opio mezclado con la mois.

Ahí conocmos al querubín, un arquitecto chaparrito güero güero con la cara de angelito, como diría el buen Rigo que en paz descanse.
El queru nos platicaba de sus experiencias con las drogas; las que me interesaron fueron la de los hongos y la del peyote. Fue ese día que decidimos ir en busca del peyote. También en busca de honguitos, pero esa será una historia que será contada en otro momento.

Y llegó el día. Estábamos bien preparados e informados. Habíamos recopilado mucha información - la lectura obligada de Castaneda - y escuchado muchas historias de universitarios que se habían lanzado al desierto a comer peyote.
Además el buen Gus era amigo de un Huichol,del cual simbólicamente en ceremonia huichol, se hizo hermano. En un par de ocasiones convivimos con este personaje, del cual sacamos mucha información en pedas de mezcal y viajes de mota en casa de Gustavo. La banda se curaba la cruda con coca, yo me la aguantaba a lo macho con unos chilaquiles hechos con chile camapana...bien picosos. Para los que no saben, el chile campana es el que pica un chingo al entrar y repica al salir.

En fin, en un jueves de diciembre emprendimos la aventura. Íbamos bien dotados de marihuana, víveres y mezcalina, la cual nos había regalado el querubín por si no encontrábamos al peyote. La mezcalina es peyote deshidratado y molido a punto de polvo, o la sustancia activa del peyote hecha polvo, la verdá no me sé el proceso.
Nos subímos al camión (cambiaré los nombres para permanecer lo más posible en el anonimato) María Ana, Camelia - hermanas - y yo, rumbo a San Luis Potosí. El destino era el pueblo de Wadley. La localidad de Wadley está situada en el Municipio de Catorce (en el Estado de San Luis Potosí) a unos 1830 metros de altitud y tiene alrededor de 5oo habitantes.
Íbamos echando bastante desmadre en el camión. María Ana y yo, que éramos bien pachecos, nos escapábamos a cada rato al baño a darnos unos pipazos. Ya estando bien grubis, decidimos no esperarnos a llegar al desierto y probar la mezcalina. No recuerdo haber adquirido un estado alterado de conciencia, mas sí de los sentidos. La luz era muy brillante, los colores alucinantes, cualquier sonido se percibía nítidamente y en general era una sensación de un rico bienestar...y de hormonas alborotadas. Acabamos en el baño una vez más pero esta vez para echarnos un polvito, un rapidín pues. Saliendo me senté junto a Camelia e inmediatamente sentí su mirada clavada en mis piernas. Mi pantalón, negro, estaba manchado de semen. Lejos de darnos pena, nos dio risa.

Total, llegamos a la estación de tren en San Luis Potosí y lo tomamos para llegar a la estación de Wadley. No recuerdo mucho, más bien nada, del trayecto en tren. Seguro nos seguíamos pachequeando. Llegamos a Wadley y de eso sí me acuerdo. Eran como las 6 de la tarde. El pueblo parecía desierto, valga la redundancia. Tenía su kiosko, el billar, la cantina, una pollería y un merendero al rededor de la plaza. Buscamos un hotelito y rentamos un cuarto para pasar la noche y salir temprano al desierto. El cuarto era pequeño, olía a humedad y las paredes estaban pintadas o grafiteadas por los lunáticos en viaje de peyote. Los motivos hacían alución al peyote, a la psicodelia y en su mayoría a extraterrestres. El típco alien con ojos grandes rasgados y negros sin nariz, sólo fosas nasales, si se les puede decir así, cabeza grande y puntiaguda y extremadamente delgados.

Pasamos la noche y a la mañana siguiente a las 6 de la mañana nos encaminamos al desierto. Salimos del territorio del pueblo, el cual estaba delimitado por una cerca de palos, ramas secas y que tenía una puerta, cosa que se me hizo por demás extraña. Al salir por la puerta, un perro se nos pegó. Empezó a seguirnos y a caminar junto o detrás de nosotros.
Por ese suceso, el mañanero y el contexto, el hecho adquirió un halo místico- mágico-musical y misterioso.
No sabíamos para dónde ir, sólo nos encaminamos para adentrarnos y puse especial atención en ubicarme y orientarme con respecto a la salida del astro rey y mi sombra proyectada en la tierra, la cual apuntaba hacia el poniente.
El desierto es fabuloso; el color de la tierra, la vegetación, el horizonte, el silencio habitado por el sonido del viento y a ratos por nuestra respiración y nuestras pisadas.
Hablando de nuestras pisadas, habíamos de tener mucho cuidado por dónde las dirigíamos, ya que el suelo está plagado de vegetación con espinas y por bolitas, semillas tal vez, que se clavaban en nuestros zapatos y en la nariz del pobre chucho. A cada rato había que estar arrancándole las bolitas con espinas, como erizos de mar, de la nariz. Nos encontrábamos a cada rato con viznagas alucinantes, enormes, milenarias...a veces con hermosas flores coronándolas. Cactáceas de todo tipo y tamaños y los locos despeinados, que llamaba yo. Creo que también son una especie de viznaga, pero a modo de palmera con sus hojas como los cabellos parados de algún loco despeinado. La experiencia era tal, que durante largo rato nos habíamos olvidado de drogarnos. El viaje era sin sustancias de ningún tipo, ni mota ni mezcalina...puros sentidos a flor de piel.
De pronto recordamos nuestro cometido. Pusimos ojo avisor y especial atención en la tierra y sus frutos para encontrar el peyote.
En algún libro leí que uno no encuentra al peyote, el peyote lo encuantra a uno. También había leído que encontrar el primero era dificilísimo, pero una vez encontrado los demás saltaban a la vista y aparecían por doquier.
Fue verdad, no hubo más que detectar uno para darnos cuenta de que estaban por todos lados. Estábamos rodeados.
No había que comerse el primero que se encontrara. Había que poner especial atención en que fuera de buen tamaño, adulto pues, y que estuviera en familia, es decir no sólo sino en grupos de 3 ó 4 o muchos más. También había que cortarlo o separarlo de la tierra con una palita de madera, jamás con un cuchillo o metal. Si es así se enoja y te regaña ya que lo ingieres.
El peyote es como uno de esos cáctus de bolita a manera de gajos y muchas veces con una florecita blanca justa arriba y al centro. Contiene numerosos alcaloides, entre ellos peyotina, anhalina, anhaloidina, anhalinina, anhalonina, lofoforina, etc., pero el más importante es la mezcalina, que es un poderoso alucinógeno.
La molécula de mezcalina es una fenetilamina, relacionada estructuralmente con la noradrenalina y dopamina, por lo que posee fuertes efectos sobre el sistema nervioso autónomo periférico, así como sobre el sistema nervioso central. Probablemente ningún fármaco de este grupo posee una capacidad tan deslumbrante para suscitar visiones, y en especial para producir las más fantásticas mezclas de forma y color. Tras una primera fase de euforia sobreviene un período de serenidad mental y relajación muscular, donde la atención se desvía de estímulos perceptivos para orientarse hacia la introspección y la meditación.
Entre los efectos que produce su ingestión están visiones y alucinaciones, distorsión de las coordenadas espacio-temporales y alteraciones del esquema corporal. Sus efectos varían en función del ánimo del consumidor, sus expectativas y el medio que le rodea, por lo que tradicionalmente se ha destacado la importancia de que el uso de esta droga fuera unido a preparativos muy concienzudos; los efectos podrían resultar impredecibles.

Total, una vez descubierto el tesoro, cada quién caminó por su lado y nos dispersamos. Queríamos estar seguros de qué peyote era el que le hablaría a cada quien.
El perrito me seguía a mí y yo tenía que seguir sacándole los erizos de la nariz al pobre animal...pero ni se quejaba, depronto volteaba y ya lo veía yo con su piercing nasal. A partir de ese momento lo bauticé como "Minahuál".
Escogió cada quién su familia de peyotes, unos 3 ó 4 por piocha y empezamos el ritual. Los limpiamos, les hablamos bonito, les pedimos disculpas y permiso para comérnoslos.
Era difícil separar los gajos o cortarlos, son muy duros. Llevábamos unas botellas con agua y jugo de naranja para pasárnoslos ya que nos habían advertido de su consistencia y sabor fuerte.
Fuerte??!! no mames, es amarguísimo. Era difícil darle 3 masticadas sin sentir el reflejo o ganas de vomitar, Amargo como la chingada. Insoportablemente amargo...no pude.
Camelia y María Ana si pudieron, eran rudas las chaparritas. Al cabo de un rato vi como se iban transformado. Las pupilas bien dilatadas a modo de ojos de cómic japonés, los cachetes bien chapeados y las fosas nasales agrandadas. Seguro estaban exitadas.
Le preguntaba yo a María que qué se sentía. No dejaba de repetir "es queno melacabo...es queno melacabo ", sin dejar de apretar, subir y bajar las pierrnas como si se estuviera meando o a manera de marcha chistosa sin avanzar. Camelia no dejaba de decir "no mames cabrón, es que no mames cabrón!" ...y ya,... me fue imposible establecer contacto con ellas.
Me puse a fumar mota y a hablar, a manera de monólogo, -quiero aclarar- con Minahuál.
Puse pacheco al pobre de Minahuál. Le daba yo un jalón al churro, acto seguido tomaba al perro por la nariz haciéndole casita y le soplaba el humo. Minahuál empezaba como a estornudar e inmediatamnete acabando se me ponía otra vez cerca de la cara y me veía fijamente, y pues le volvía a soplar. Al cabo de un rato estábamos los dos con la mirada fija, clavada y mirando a la nada. Las hermanitas en su viaje de peyote gritando, bailando y cagándose de la risa.

Ya a punto de caer la noche, les dije que era momento de buscar un lugar para acampar. Llevávamos la tienda de campaña pero no las estacas cosa que fue un problema por que no había árboles para amarrar la tienda o ramas para usarlas como estacas y fijarla a la tierra. Nos las ingeniamos con los cubiertos y navajas que llevábamos y amarramos el toldo a un loco despeinado aislado que escogimos. El campamento ya estaba, la temperatura descendía y comezaba a oscurecer. La euforia de las chicas había disminuído y querían ahora fumar mota, cosa que hicimos todos...hasta Minahuál otra vez.

Yo no había ingerido casi nada de peyote pero me di cuenta de que el poco que entró en mi torrente sanguíneo había hecho efecto, cuando me descubrí encuerado desafiando al frío...y no mames, qué pinche frío. Abría los brazos de extremo a extremo para abrazarlo, para sentirlo, para disfrutarlo.
El escroto y el pilín totalmente contraidos. Los testículos fuera su bolsita que parecía ya cáscara de nuez y totalmente metidos quién sabe dónde, pero ni se asomaban ni tantito, parecía yo Farinelli.
Miz pezones también totalmente contraidos, erguidos y las nalgas, sólo las nalgas, con piel de gallina. Mis dientes titiritaban y mi mandíbula se movía como con vida propia, sin poder controlarla.Era marvilloso, simplemente maravilloso.

Cuando cayó el negro manto de la noche, ya cerca de la media noche, enmudecimos.
La bóveda espacial encima de nosotros. Las estrellas nos tocaban la cabeza.
Planos y planos de estrellas, uno atrás y atrás y detrás de otro; las alcanzábamos con las manos. Eran miles, millones, miles de millones de estrellas formando planos tridimensionales que hacían que la tierra desapereciera y que nos situáramos totalmente libres en el espacio fundidos en el cosmos.
No sabes qué espectáculo.
No tienes idea qué sensación.
Para entonces el frío ya era algo insoportable y estábamos los 4 metidos en la tienda de campaña, acostados en el suelo y con la cabeza afuera...
Maravillados. Durante horas. Sin decir palabra.

De pronto Camelia quiso comer peyote otra vez. Así lo hicimos. Bueno, yo no más lo intenté.
Adentro de la tienda no se veía ni madre, negro absoluto. Camelia y María ya estaban de nueva cuenta en su viaje y yo fumando mota para agarrar el mío. María y yo nos pusimos de cachondos y a hacer el amor, según nosotros calladitos y discretos quesque para que Camelia no se diera cuenta. La mujer se incomodó y salió de la tienda con el chucho, no mames, qué pinche frío....falta de confianza.
Fue la vez que más cerca he estado de hacer un trío.

A la mañana siguiente despertamos, yo creo que por el silencio. María y yo ni nos dimos cuenta del momento en que Camelia entró de nuevo a la tienda.
Levantamos el campamento y nos pusimos a caminar sin rumbo fijo pero una vez más poniendo especial atención en seguir mi sombra proyectada en la tierra apuntando al poniente. Llevávamos unas 4 horas caminando. Los víveres se habían agotado. Minahuál seguía clavándose erizos en la nariz.
De pronto a lo lejos, en medio de la nada, vimos una casita. Estaba hecha de adobe y con cubierta de enramado. No tenía ventanas, sólo un hueco pequeño en una fachada y el vano de la puerta.
Nos acercamos y preguntamos por alguien. Salió un señor, un Wadleyano, con la piel bien tostada por el sol y zurcos a manera de arrugas en la cara. El señor pastoreaba cabras y hacía queso.
Le dijimos que nosmoríamos de hambre y que le pagaríamos por algo de comida. Nos invitó a entrar y la casa era muy fresca, no le entraba sol. Sólo un rayo que penetraba por el agujero de la fachada y pintaba con poca luz el interior. Olía a leña y a comal, un aroma rico. Nos invitó unos frijolitos con tortillas hechas a mano en comal y de su queso hecho in situ. No sabes qué manjar, delicioso. Los frijoles más ricos que he probado en mi vida. Un quesito verdaderamente gurmé y ni qué decir de las tortillas con sabor a leña.
El desertino no nos cobró nada. Le regalé una navaja suiza de las chiquitas y el correspondió con una rueda de queso de cabra y nos llenó las botellas de agua. A Minahúal sólo le tocó tortilla y frijoles.

Eran las dos, si mal no recuerdo. Hora de emprender el retorno.
"Y ora cómo chingaos vamos a regresar", preguntó Camelia. Muy sencillo, es cosa de seguir en dirección de la sombra apuntando al oriente. Me sentí un chingón, todo un experto en superviviencia, hasta que...se metió el sol. No habíamos tomado la precaución de parar y armar el campamento de nueva cuenta. La noche nos sorperendió por estar ensimismados y por estarnos metiendo todo por los poros; el aire, los olores, la vegetación, los colores, el paisaje, los sonidos o la ausencia de éstos...y la mota.
"Y ahora qué chingados vamos a hacer cabrón!", gritó Camelia algo histérica.
María creía y tenía fe ciega en mí...yo me zurraba en los pantalones del miedo.
"Tranquila mujer, vamos bien. Es por aquí." Decía yo mientras caminaba con seguridad y liderazgo. Por dentro quería llorar. Nos imaginaba totalmente perdidos, asaltados y a estas dos violadas.
Caminábamos, errantes y preocupados por no pisar espinas o chocar con viznagas o locos despeinados. De pronto me dí cuenta de que Minahuál era el que iba seguro y con paso firme. Todo el tiempo había estado caminando atrás o aun lado y ahora venía definitivamente de perro guía. Opté por seguirlo sin decirles nada. Decidí jugármela y confiar en el perro. en el fondo tenía la sensación de que él sabía el camino y no sólo eso, sino que ya estábamos a punto de llegar.
Al cabo de una media hora divisamos las luces del pueblo. Se rompío el silencio sepulcral y nos pusimos felices.Reíamos a carcajadas. Eran los nervios relajados.
Mi Nahuál nos regresó sanos y salvos.
Fue una verdadera locura, jamás lo volvería a hacer. Aunque es una de las mejores experiencias de mi vida...

viernes, 11 de septiembre de 2009

Realismo sucio: Pornorelato soez y barato...2da parte

Jean Michel estaba materializando la fantasía sexual
que habita la mente de cualquier adolescente.
Aún siendo un chamaco puberto -y cabe decir que gracias a la primera eyaculaciòn- se comportaba a la altura de la circunstancia. Norma llevaba ya rato estimulando bucalmente el pene de Jean y lo hacía magistralmente; imprimía cambios de ritmo, lo succionaba con fuerza. Se detenía a ratos en el glande dándole mordiditas, a ratos en los testículos para lamerlos y succionarlos. Lamía el pene desde la base hasta la punta para luego embestirlo de nueva cuenta y desaparecerlo entero en su boca. El chamaco no dejaba de balbucear quien sabe que cuánta cosa sin perder de vista la cara sensual y lujuriosa de la diosa voluptuosa.
Lo que más le excitaba a Michelito eran los ruidos guturales que ella producía al devorarse su miembro además de la expresión de perdición causada por el apetito voraz, desordenado y desmedido por el deleite carnal.
Jeanmi no daba crédito a lo que estaba sucediendo y la manera en que sucedía; cosa que influía en que no pusiera tanta atención en la gloriosa sensación.
Norma lo sacó del trance al preguntarle - "te gusta así papito?"
- "Sigue, tú sigue...no pares!"
- Ahora verás pequeño, respondió Norma al tiempo que se levantaba para ponerse de pie frente a él.
Jean Muchel la recorrió con la vista de pies a cabeza. Se detuvo en la cara de Norma, no había reparado en la belleza de su rostro. Hasta ahora, tan sólo había sido un cuerpo de mujer...y qué cuerpo.
Norma tenía ojos grandes, oscuros,redondos, ahora desafiantes y lujuriosos.
Cejas algo pobladas y labios carnosos.
Su nariz era algo respingada, mas no fina, de amplias fosas nasales las cuales se abrían aún más respondiendo a la respiración agitada y a la excitación.
Norma se volteó para darle la espalda y se echó hacia atrás abriendo las piernas para librar las de Jean, que estaba tumbado en el sillón con el pito bien parado. Norma mirando hacia abajo e inclinándose para agarrar el falo erguido fue bajando poco a poco para ensartárselo en la vagina en un movimiento lento y suave. Quería sentir cada centímetro penetrándola.
Tenía los ojos cerrados; en el momento en que sintió que estaba todo adentro los abrío y los globos oculares dieron vuelta en círculo con el iris a medio desaparecer.
Norma gemía de placer.
Comenzó con movimientos cadenciosos de cadera y cintura mientras que Jean Michel le acariciaba la espalda de arriba hacia abajo, desde la base del cuello hasta las nalgas. Seguía con sus manos la línea curva dibujada en la espalda y la tomaba de la cintura jalándola con fuerza hacia su pene.
-"qué rico papi, tú si sabes" le decía Norma al tiempo que respondía ella a la intención de Jean imprimiendo mayor presión y fuerza al movimiento de caderas. Comenzó a subir y bajar las nalgas sin dejar de mover las caderas hacía atrás, adelante y en círculo.
El movimiento fue in crecendo hasta que Norma estaba ya dándose de sentones mientras gritaba moviendo la cabeza como loca agitandoo su melena: -"oaa, ooaaa, oaaaa asíiii! toda! toda! dámela todaaaaargh!
Michelito le daba de nalgadas con las dos manos al mismo tiempo, una mano en cada nalga.
Él también gritaba desquiciado -"Asíi, asíii, asíiii!! clávatela toda!!
Ante tal escándalo, la mamá de Jean Michel salió de la cocina gritando a manera de regaño:
-"qué diablos te pasa Jean!"
Menuda sorpresa la que se llevó. La vajilla que llevaba en las manos ya apunto de ser guardada se hizo añicos al impactarse en el suelo.
Se quedó boquiabierta, los ojos con expresión de terror.
Pareciera que se le apareció un fantasma.
Lo que veía era la lujuria en su máxima expresión. El mismo diablo en forma de mujer poseyendo a su hijo.
-"HIjo, hijo...Jean MIchel!!" gritó despavorida la mamá.
-"lárgate mamá, lárgate!" gritó Michelito jadeando y sin dejar de prestar atención a las nalgas rebotando en sus piernas. Norma ni reparó en la histeria de la madre. Ella seguía en lo suyo.
-"No puede ser! no puede ser! No es mi hijo!!" , lloraba la mamá. -"ha sido embrujado!!"
Gritaba ésto mientras corría a su cuarto para buscar desesperadamente el teléfono:
- "Estación de policía, buenas noches."
- "Pronto, pronto!, manden una patrulla...se están violando a mi hijo!!", berreaba la madre.
- Tranquila señora, tranquila, qué pasa! en dónde se encuentra!
- Estoy en mi casa y una mujer se está violando a mi hijo! carajo, manden una patrulla!
Al fondo se escuchaba la fiesta de placer y se colaba por el teléfono hasta la estación de policía.
-"Señora, hay señales de violencia?" preguntó el policía aguantándose sin mucho éxito la risa.
-Imbécil, manden una patrulla le digo!
-Cómo ves pareja, aquí un 10 30 en curso, al hijo de esta señora se lo está violando una mujer.
-"Que me viole a mí!!", seguido de caracajadas, escuchó la mamá al otro lado del teléfono.
-"hijos de puta!!", y aventó el teléfono enfurecida.
Desquiciada, y con un objetivo fijo en la cabeza, comenzó a abrir y cerrar cajones aventando cosas. Iba de aquí para allá en plena desesperación. Abrió las puertas del closet, tomó un banquito para treparse. Aventaba cajas, zapatos, cosas...hasta que encontró una caja más pesada.
Se bajo del banco, apresurada puso la caja en la cama para abrirla.
Un revólver... se quedó pasmada por un momento.
Lo tomó con las dos manos. La deseperación no había desaparecido, tampoco la determinación.
Abrió el tambor para colocar las balas, eran 6.
Salió de su recámara apresurada empuñando el revólver con la mirada clavada, el entrecejo fruncido y la mente nublada.
Apareció amenazante en la sala.
Los pies separados, bien plantados en la tierra.
La cara cubierta por la greña y los ojos lanzando llamas, el revólver en mano apuntando a la cabeza de Norma.
Michelito estaba tumbado y Norma encima de él cojiéndoselo frenéticamente apoyando las manos en el pecho del muchacho.
Jean aferrado con las dos manos a los enormes melones de la mujer, como queriendo evitar la caída a un abismo profundo y negro como su suerte, con la mirada perdida atravesando el techo, mirando al paraíso con expresión de éxtasis extremo. Norma seguía gritando, y jadeando...

BANG! BANG! BANG!
Tres estruendos, tres disparos, tres impactos.
Silencio absoluto...
Norma inerte cubriendo el cuerpo de Jean Michel.
Mamá mirando la escena con la respiración agitada y la razón perdida.
Nadie se mueve.
Mamá se acercó lentamente, agarró la abundante cabellera de Norma y con fuerza descomunal la apartó.
Ahí estaba el hijo tirado , con una gran sonrisa, vivo al parecer...
con un balazo en la frente, los ojos bien abiertos y cara de placer.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Pornorelato de alto contenido erótico y lenguaje soez para adultos de amplio criterio....1ra Parte


Las 10pm. No podía esperar màs.
Todas las noches a la misma hora esperaba frente a la ventana con los latidos a flor de piel.
Llevaba dos meses gozando del mismo espectáculo, con una que otra variante.
Llevaba dos meses chaqueteándose sin parar, noche tras noche.

10:30pm... estaba desesperando, no pasaba nada. Su cita no pactada no llegaba y ya estaba hasta sudando frío. Realmente se había vuelto una adicción. Estaba afectando su desempeño en la escuela ya que todo el día durante todo el tiempo no podía pensar en otra cosa que no fuera el evento diario de las 10pm.

Por fin! Se prendió la luz!
El corazón le dio un vuelco e inmediatamente como acto reflejo se bajó el ziper del pantalón.
Tomó los binoculares con una mano y con la otra desenfundó la pistola.
Todavía no pasaba nada y ya su respiración era muy agitada. Bajó los binoculares para asomarse por la ventana y cerciorarse de que no hubiera nadie en el patio que dividía a los dos edificios del conjunto, que no hubiera otro voyeurista en las ventanas de enfrente viendo al voyeur.

Empezó la danza. Era la sombra de una silueta atravesando por la ventana de un lado para otro.
Las cortinas color blanco y delgadas hacían de pantalla y acentuaban la sensualidad de la figura femenina...Jean Michel comenzaba a impacientarse, lo de hoy no estaba en el guión; comenzaba a angustiarse pensando en que estaba vez la vecina no abriría las cortinas. "Seguro ya me cachó", pensaba.
De pronto la mujer se postró frente a su ventana, justo en medio... comenzó a desvestirse.
Las palpitaciones comenzaron a acelerarse de nuevo, le retumbaban en la cabeza y el nervio que sentía de pensar en que su mamá lo fuera a cachar hacía que éstas fueran a ritmo e intensidad de tambor de guerra, ya le dolían y le quemaban los oidos por caliente.
La mujer continuaba desvistiéndose. La idea de la cortina cerrada se le antojó a Jean aún más cachonda al descubrir que el dibujo de la sombra proyectada en la pantalla era más voluptuoso de lo que estaba acostumbrado. Dejaba más a la imaginación.
La sombra había comenzado por quitarse los zapatos y soltarse el cabello. Una abundante melena crespa se esponjó dotando de una extrema sensualidad a la imagen en la cortina y en la cabeza de Jean Michel.
La sombra cahonda, ahora sensual y voluptuosa, llevó las manos atrás, en un movimiento ágil bajó el cierre y se despojó de la falda. Dos piernas voluminosas, largas y bien torneadas arrancaron un "woooo" de la garganta de Jean.
Acto seguido comenzó a desabotonarse la blusa. Primero las mangas y después uno a uno los botones de arriba hacia abajo. Conforme se iba abriendo la blusa iban revelándose las curvas de sus pechos. A manera de velo doble entre la cortina y su blusa se iba dibujando la cintura, se iban acentuando las caderas.
Jean Michel llevaba ya varios minutos sobándose el pene. Se dio cuenta de ésto cuando sintió ardor. De un brinco llegó a la cama, abrió el cajón del buró para sacar la nivea y con una destreza inusitada se comenzó a untar la crema en todo su miembro y hasta las pelotas.
Regresó a la ventana esperando no haberse perdido de nada y en eso oyó un grito: -"Jeaaaaaaan, Jeaaanmiiiiii.....Michelitoooo"
-"Carajo mamá!!!!! estoy estudiando!!!!!" respondía Michelito sin dejar de jalársela.

Tomó de nuevo los binoculares justo en el momento en que la vecina se desabotonaba el corpiño y dos melones altaneros saltaron alegres y bamboleantes. Eran enormes, un par de pechos de locura...
-"uuuuootsss, qué chichoootas", exclamó Jean Michel imprimiendo mayor velocidad al movimiento ascendente-descente que le aplicaba al pene...-"no puede seeer, ve nomás carajo!...qué chichotas!!"
Ahora la braguitas...el chavo ya estba en tal trance que no podía discriminar lo que sucedía a su alrededor. Estaba parado frente a la ventana, jalándosela groseramente y ya un par de vecinos enfrente de su ventana lo habían descubierto.
Michel seguía en su tarea mientras la vecina iba inclinándose para sacarse los calzones, los pechos le colgaban y bailaban de tal manera que pusieron al pobre chavo al borde de la locura...Jean Michel no pudo más.
Un chorro de leche hirviendo, cual manguera de bombero, sailó disparado con tal presión que ruido hizo al golpear la ventana y hasta los huevos le dolieron.
-"Uta madre, no puede seeer" exclamó el excitado amigo.

La función aún no terminaba. Jean MIchel estaba rojo y sentía las venas de todo el cuerpo congestionadas.
De pronto, woosh!, se abrío la cortina.
Ahí estaba ella, la vecina, parada frente a su vecinito de 18 años, completamente desnuda.
Era una mujer de unos 45 años, de carnes generosas...alta y verdaderamente voluptuosa. Parecía haber sido sacada de la fantasía y mente cochambrosa de cualquier mexicano asiduo a la lectura del libro vaquero.
La dama desapareció para volver cargando un silla la cual puso un poco separada y frente a la ventana. Volvió a desaparecer. Reapareció con algo en las manos que no se lograba distinguir. Puso algo sobre la silla y empezó a atarse algo como unos tirantes al rededor de la cintura. Era un liguero. Se lo ajustó, tomó lo que había dejado sobre la silla, Jean vio un pedazo de tela desenrrollarse...las medias.
Ahora sentada, la vecina comenzó a ponerse la media a modo de calcetín, poco a poco iba subiendo y estirando la pierna, luego, la otra. Era la escena más sexy jamás vista por chaval.
Ya estaba de nuevo jalándole el cuello al ganso cuando vio que la mujer sentada abría las piernas.
Con los binoculares clavados en los ojos, Jean ajustó la lente para obtener el mayor acercamiento posible. Ahora tenía un close up de la vagina y vió como una mano delgada de finos dedos y uñas largas bajaba por el vientre un poco abultado hasta llegar a la zona pormetida, el monte de Venus. La mano completa abarcaba el pubis y con moviemientos rítmicos lo acariciaba y le jalaba el vello suavemente.
Pum pum pum pum! otra vez. El corazón a punto de explotar.
De no haber sido un chamaco ya hubiera sufrido un paro cardíaco.
Estaba hipnotizado, no perdìa detalle. Seguía con detenimiento la mano... los dedos de la mano;
el índice y medio juntos, se colocaron en la vagina: Ábrete sésamo!...poco a poco los dedos se fueron abriendo para descubrir el sexo rosado y húmedo de nuestra vecina.
Asomaba el clítoris ya desenvainado.
Era la locura, el chaval no daba crédito. Ya estaba de nuevo con moviemientos frenéticos, todo tenso y haciendo muecas y contorsiones faciales por la excitación.

Vamos a nombrarla Norma.
Norma, sentada frente a Jean Michel, comenzó a dedearse rico. Metía y sacaba un dedo mientras con la otra mano abría bien la vagina. Luego dos dedos eran los que entraban y desaparecían para volver a salir húmedos y con líquido viscoso, denso y transparente que con gesto lujurioso, Norma llevaba a su boca. Acto segduido la diosa voluptuosa se paraba para darle la espalda a Jean Michel.
-"No maames, qué nalgotas!", exclamó agitado y jadeando.
Eran unas nalgas de antología, grandes, redondas y firmes. Norma subío una pierna a la silla inclinando el torso un poco para alcanzar de nueva cuenta su panocha. Los pechos se veían aparecer de un lado y por el otro. Estaba dedeándose de nuevo mientras meneaba las caderas, subiendo y bajando rítmicamente las nalgas.

El contraste entre la cinturita y las caderas de Norma era increíble. La carne de esas piernotas era para desquiciar a cualquiera...por lo menos a Jean, que ya lo estaba.
Después de unos minutos de ese rico meneito Norma se voltéo, llevó sus dedos mojados a la boca y con una mirada seductora y desafiante los sacó, se los enseñó a Michelito con la palma hacia el frente y luego la volteó para hacerle una seña con los dos dedos mientras sus labios decían "ven".

Jean Michel apanicado dio un brincó de la silla y ésta salió volando hacia atrás haciendo escándalo.
-"Jean!, qué pasa!", gritó la mamá. Jean Mi no contestó. Estaba petrificado.
Se acercó poco a poco a la ventana, cautelosamente, vio que Norma se ponía una bata, se sacaba la melena aprisionada por ésta y se ajustó el lazo o cinturón. Desapareció de la ventana, se apagó la luz del departamento y apareció otra más lejana que dibujaba en la sombra el abrir y cerrar de una puerta.
Poco a poco, a lo lejos, se empezó a escuchar el ruido de unos tacones que cada vez se iba intensificando más y más. Pasos firmes y seguros. De pronto aparecío la vecina en la puerta del edificio y salía al patio para cruzarlo en el sentido corto. De nueva cuenta el corazón a mil por hora. Era más de lo que nadie podría aguantar.
-"No mames, ahí viene" dijo Jeanmi.

Poc! poc! poc!
Pum! pum-pum pum-pum!
Un contra-ritmo entre los tacones subiendo la escalera y el corazón de Jean Michel se apoderó de la mente y el ser del chico.
-"No mames, ahí viene, ahí viene!" no dejaba de repetir.
Riiin riiiin, sonó el timbre.
-"no abras mamá, no abras!!!!" gritó Jean.
_" Mi amooor, abres túuu? contestó la madre.
Riiiiiiiiin riiiiiiin riiiiin!!!!
-"Michelitoo, abre!...estoy en la cocina"
Michelito se armó de valor, controló su respiración, la temblorina de las manos.
Abrió la puerta.
Era Norma...ahí estaba ella. Voluptuosa, imponente y desafiante.
Quién sabe cómo diablos, Jean Michel de lo más tranquilo, dijo:
-Síii? qué se le ofrece?
-Lo mismo que a tí cabrón, quiero que me cojas! dijo la mujer mientras lo empujaba e irrumpía altiva y cachonda en el departamento.
Con una mano extendida lo empujaba hacia un sillón mientras que con la otra se libraba del cinturón de la bata; brincaron los pechos y eran enormes, preciosos, mucho más grandes de lo que se podía ver de lejos, con unos pezones de grandes areolas y bien erectos. Jean Michel no desaprovechó la oportunidad y los tomó en sus manos las cuales no podían abracar tanta carne. Los aprteaba y vorazmente se los llevó a la boca. Norma lo empujó fuertemente y Jean calló en el sillón, Norma se le avalanzó hacia el cierre del pantalón y con una gran habilidad, de mujer experimentada, le sacó la verga y se la metío toda a la boca en un sólo movimiento.

-UUUUFFFF!!...!!!

JeanMi estaba en el cielo, sus ojos desorbitados...no lo podia creer. La mujer arremetía duro y salvaje contra su pene, se lo metía y sacaba de la boca para luego golpearse la cara con éste.
-Así la quiero papito, bien parada, bien dura!
-"Utsss!! no maaaams!, balbuceaba JeanMi.